
Este tiempo caprichoso amaneció lloviznando y con un frío que te ... ponía la carne de gallina. Aunque mil oráculos meteorológicos nos daban funestos presagios, la esperanza de que despejara persisitió hasta lo inverosímil y el evento siguió previsto al aire libre. La primera en la frente.
La segunda: por razones que intuimos, pero en realidad no conocemos, el Auditorio del Parque Torres (donde todos estamos sentados, vemos y oímos razonablemente) no estaba disponible, así que por segunda vez nos desplazaron a un lugar alternativo: el patio del Instituto Jiménez de la Espada. Lamento tener que decirlo porque estoy segura que todos trabajaron mucho para hacerlo habitable, pero creo que no fue una decisión acertada.
La primera vez, hace unos años, por la urgencia del caso, aguantamos sin quejarnos, pero la segunda vez me parece que es no querer entender que un patio en el que no hay inclinación ninguna, con alrededor de mil sillas, megafonía que falla, en el centro de la ciudad con los ruidos incluidos, etc, etc. NO es un lugar alternativo adecuado. ¡Y para colmo nos dicen que si llueve acabaremos en un gimnasio sentados en el suelo! El precio de la entrada y el desplazamiento y los esfuerzos que los alumnos y sus familias han hecho para pagarlo (por no mencionar el despliegue dialéctico que les cuesta a los profesores) y el trabajo deslucido y poco agradecido de los grupos que representan merecen algo mejor. Estamos seguros que el municipio de Cartagena dispone de otros lugares (aunque hubiera sido una carpa, habríamos estado bajo techo) en los que albergar a estos miles de jóvenes turistas culturales (con lo difícil que es encontrar eso), algunos de los cuales es la primera vez que iban al teatro (y a este paso esperamos que no sea la última).
Una vez más, ¡QUÉ PENA! Y si alguien no está de acuerdo o quiere añadir algo más no tiene más que dejarnos un comentario, este es vuestro espacio.
1 comentario:
Nosotros, los profesores y alumnos del I.E.S. Ruiz de Alda, tan veteranos e ilusionados espectadores del Festival como vosotros, nos vinimos con parecida decepción y con la duda, por primera vez en estos catorce años, de si repetiremos el que viene. Injusto para nosotros e injusto para los actores que trabajan sólo por verdadero amor al teatro clásico
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