῾ΕΙΣ, ΔΥΟ... ΤΡΕΙΣ
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jueves, 17 de septiembre de 2015
Con buen pie
῾ΕΙΣ, ΔΥΟ... ΤΡΕΙΣ
miércoles, 2 de septiembre de 2015
Veinte años no es nada...
Tampoco es que llore tanto, es sólo que he decidido darme un homenaje tras mis primeros veinte años al servicio del María Cegarra. Y yo, que tengo alma de tango, (¿quién lo diría verdad?) me voy a regalar este, de Gardel, como debe ser, con el ruido de fondo de los viejos discos, con las imágenes ajadas, en blanco y negro, para bailarlo cerrando los ojos con los pies acariciando el suelo. Es más, os lo regalo a vosotros también, así, genuino, un poco melancólico, fuera de contexto, clásico de otra manera, para volver mirando a los próximos ¿veinte?.
Yo adivino el parpadeo (si es que es tan temprano que ni veo...)
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno. (¡Ah, ya!, los semáforos de la calle Real)
Son las mismas que alumbraron
con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor. (Hombre, dolor, dolor, si acaso una punzada)
Y aunque no quise el regreso (¡Qué iba a querer, si estaba de vacaciones!)
siempre se vuelve
al primer amor. (Primer amor, destino definitivo, ¿qué más da?)
La vieja calle (eso no me lo vais a negar)
donde me cobijo (pero si es como mi segunda casa)
tuya es su vida (¿tuya? ¿mía?)
tuyo es su querer. (pero, ¿de quiéeeeen?)
Bajo el burlón
mirar de las estrellas (¡Si es que cada vez entramos más temprano!)
que con indiferencia
hoy me ven volver. (A ellas plim, son unas desagradecidas)
Volver
con la frente marchita (ahí me duele)
las nieves del tiempo
platearon mi sien. (ni con química se puede)
Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada
errante en las sombras (ya se sabe que yo me oriento fatal)
te busca y te nombra. (Sobre todo algunas noches de pesadilla)
Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo (que también los hay)
que lloro otra vez. (Llorar, llorar... Lo dejamos en "evocar" según el caso)
Tengo miedo del encuentro (Estoy en pánico)
con el pasado que vuelve (y peor con el futuro)
a enfrentarse con mi vida. (encuentro fantasmal)
Tengo miedo de las noches
que pobladas de recuerdos
encadenen mi soñar. (Son peores las que ni eso tienen)
Pero el viajero que huye
tarde o temprano
detiene su andar. (Otra cosa puede, pero cobarde, nunca)
Y aunque el olvido
que todo destruye (que ya vamos teniendo añetes)
haya matado mi vieja ilusión, (la patea de cuando en cuando)
guardo escondida
una esperanza humilde
que es toda la fortuna
de mi corazón. (Eso, fírmalo)
Volver
con la frente marchita
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.
En todo caso, hasta ahora no ha sido mal soplo pero ya se levantan nuevos vientos.
Yo adivino el parpadeo (si es que es tan temprano que ni veo...)
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno. (¡Ah, ya!, los semáforos de la calle Real)
Son las mismas que alumbraron
con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor. (Hombre, dolor, dolor, si acaso una punzada)
Y aunque no quise el regreso (¡Qué iba a querer, si estaba de vacaciones!)
siempre se vuelve
al primer amor. (Primer amor, destino definitivo, ¿qué más da?)
La vieja calle (eso no me lo vais a negar)
donde me cobijo (pero si es como mi segunda casa)
tuya es su vida (¿tuya? ¿mía?)
tuyo es su querer. (pero, ¿de quiéeeeen?)
Bajo el burlón
mirar de las estrellas (¡Si es que cada vez entramos más temprano!)
que con indiferencia
hoy me ven volver. (A ellas plim, son unas desagradecidas)
Volver
con la frente marchita (ahí me duele)
las nieves del tiempo
platearon mi sien. (ni con química se puede)
Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada
errante en las sombras (ya se sabe que yo me oriento fatal)
te busca y te nombra. (Sobre todo algunas noches de pesadilla)
Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo (que también los hay)
que lloro otra vez. (Llorar, llorar... Lo dejamos en "evocar" según el caso)
Tengo miedo del encuentro (Estoy en pánico)
con el pasado que vuelve (y peor con el futuro)
a enfrentarse con mi vida. (encuentro fantasmal)
Tengo miedo de las noches
que pobladas de recuerdos
encadenen mi soñar. (Son peores las que ni eso tienen)
Pero el viajero que huye
tarde o temprano
detiene su andar. (Otra cosa puede, pero cobarde, nunca)
Y aunque el olvido
que todo destruye (que ya vamos teniendo añetes)
haya matado mi vieja ilusión, (la patea de cuando en cuando)
guardo escondida
una esperanza humilde
que es toda la fortuna
de mi corazón. (Eso, fírmalo)
Volver
con la frente marchita
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.
En todo caso, hasta ahora no ha sido mal soplo pero ya se levantan nuevos vientos.
viernes, 19 de junio de 2015
Tiempo para todo
lunes, 15 de junio de 2015
Antes de irnos
Ya sé que todos estamos desesperados por irnos de vacaciones pero aún nos quedan unos diítas a los que exprimirles el jugo. Ahora, que todavía está fresco el pescado vendido, por favor, contestad al cuestionario de evaluación final. Venga, si sólo hay que pinchar en este enlace y dedicarle cinco minutejos, ¡y se puede hacer con el móvil!
lunes, 11 de mayo de 2015
Arenga a las tropas
Troya, campo de batalla. El ejército griego tiene a la vista las falanges troyanas que les sostienen la mirada desafiantes. En las vanguardias de uno y otro ejército los caudillos se hacen ver, agitando los penachos de crines de sus cascos, caracoleando sus caballos y animando a las tropas. Es el momento de la arenga.
Nosotros nos acercamos a nuestra propia llanura de Troya, donde se ha de librar la batalla final. Es un combate compartido sin perjuicio de que cada guerrero tenga que afrontar su propia batalla. Acabar este curso es duro pero el premio lo merece. Si la ciudad de bien trazadas calles entró en la leyenda tras su esforzadísima conquista, ¿no haremos nosotros otro tanto? Ha llegado el momento de vestirnos la armadura, colgar la espada de los hombros, afirmar el escudo y agitar las lanzas.
Sabemos que habrá sufrimiento, un cruel Ares siempre deja huella. Pero no nos dejaremos batir con facilidad, todas las cosas verdaderamente importantes cuestan algo. Es eso lo que las hace valiosas, el precio que pagamos por ellas (y no hablo de dinero). Maltrechos, tal vez, pero no muertos. Cuando nos descubramos vencedores, dulces fármacos acabarán por restañar nuestras heridas, seguro.
¿Vamos pues? Respirando coraje, en silencio o con estrépito y algarabía según cada cual, con el espíritu firme y confianza en nuestras fuerzas. Los mismos dioses nos envidian desde el Olimpo de muchas cumbres.
¿Avanzamos? Vamos allá, tras Héctor o Aquiles.
Notas: Con resabios, lo reconozco, del canto tercero de la Ilíada (y algo de Braveheart que acabo de re-ver). Cito:
Puestos en orden de batalla con sus respectivos jefes, los troyanos avanzaban chillando y gritando como aves [...] y los aqueos marchaban silenciosos, respirando valor y dispuestos a ayudarse mutuamente.
[...] Cuando ambos ejércitos se hubieron acercado el uno al otro, apareció en la primera fila de los troyanos Alejandro, semejante a un dios, con una piel de leopardo en los hombros, el corvo arco y la espada; y blandiendo dos lanzas de broncínea punta, desafiaba a los más valientes argivos a que con él sostuvieran terrible combate.
Nosotros nos acercamos a nuestra propia llanura de Troya, donde se ha de librar la batalla final. Es un combate compartido sin perjuicio de que cada guerrero tenga que afrontar su propia batalla. Acabar este curso es duro pero el premio lo merece. Si la ciudad de bien trazadas calles entró en la leyenda tras su esforzadísima conquista, ¿no haremos nosotros otro tanto? Ha llegado el momento de vestirnos la armadura, colgar la espada de los hombros, afirmar el escudo y agitar las lanzas.
Sabemos que habrá sufrimiento, un cruel Ares siempre deja huella. Pero no nos dejaremos batir con facilidad, todas las cosas verdaderamente importantes cuestan algo. Es eso lo que las hace valiosas, el precio que pagamos por ellas (y no hablo de dinero). Maltrechos, tal vez, pero no muertos. Cuando nos descubramos vencedores, dulces fármacos acabarán por restañar nuestras heridas, seguro.
¿Vamos pues? Respirando coraje, en silencio o con estrépito y algarabía según cada cual, con el espíritu firme y confianza en nuestras fuerzas. Los mismos dioses nos envidian desde el Olimpo de muchas cumbres.
¿Avanzamos? Vamos allá, tras Héctor o Aquiles.
Notas: Con resabios, lo reconozco, del canto tercero de la Ilíada (y algo de Braveheart que acabo de re-ver). Cito:
Puestos en orden de batalla con sus respectivos jefes, los troyanos avanzaban chillando y gritando como aves [...] y los aqueos marchaban silenciosos, respirando valor y dispuestos a ayudarse mutuamente.
[...] Cuando ambos ejércitos se hubieron acercado el uno al otro, apareció en la primera fila de los troyanos Alejandro, semejante a un dios, con una piel de leopardo en los hombros, el corvo arco y la espada; y blandiendo dos lanzas de broncínea punta, desafiaba a los más valientes argivos a que con él sostuvieran terrible combate.
viernes, 17 de abril de 2015
Tragedia pide coro
Ya estamos de vuelta. Ayer no llovió (lo cual en esta región es perogrullada si no fuera porque anteayer sí lo hizo) y el sol nos pegó fuerte en la cara. (¿Se lleva el cereza esta temporada en la piel?). Día bueno, teatro... bueno. La companía "El aedo" atacó esta vez con Antígona y Aulularia, clásicos entre los clásicos. Solventes interpretaciones, ritmo dramático, escenografía parca pero eficaz, todo bueno.
Pero hay un pero (¿a que lo estabais esperando). El mío lo he formulado en el título: tragedia pide coro, y el coro no estaba, apenas canturreba al inicio (justo donde Sófocles no le da espacio) y, en realidad, era más una salida actoral que otra cosa. Seguro que tuvieron sus razones, las económicas, imagino, pesaron en la decisión, pero a mí me costó una tragedia. En el coloquio posterior los miembros de "El aedo teatro" explicaron cómo preparan el texto leyendo no sólo la obra en cuestión sino las aledañas, las filosóficas al respecto... Yo, está claro por qué, abogo por leer más a Sófocles y a los trágicos y menos al resto.
Eso, creo, les habría dejado claro que tragedia pide coro porque el coro hace la tragedia, al menos a la griega, ser lo que es. No es un eco, ni un fondo musical, es personaje, personaje coral. Somos nosotros, los espectadores de todos los tiempos con voz y movimiento. Porque no se puede decir que cuatro personas sentadas en una silla son un coro. No tienen voz común, no actúan en conjunto, no representan nada (bienvenido el doble significado de "representar") y sin él la representación de ayer no deja de ser una buena función teatral pero se aleja del concepto profundo de tragedia griega. ¿Se imaginan ustedes una ópera sin coro? Pues eso: tragedia pide coro.Otra cosita: las muertes en escena, aunque no lo parezca, no eran nada habituales en el teatro griego, y ayer quedó claro el motivo. La muerte es un momento extremo que exige un clima dramático muy difícil de conseguir y de controlar. Cuando vimos el suicidio de Antígona, ella hizo un un extraño ruidito (un "aegggg") que pretendía ser el estertor del ahorcado y, en cambio, resultó el escape cómico del asunto. Se oyeron risas ente los espectadores y esto acabó con el clima. No se puede culpar al público de reaccionar a su antojo en una representación, es catarsis también reír y de ello entendían bien los griegos. Morir en escena es comprometido, o se hace bien o no se hace, si se abusa te pasa factura. Por eso la tragedia suele contar y no representar los hechos más sangrientos. ¡Y qué brillantes textos los de los narradores de estas muertes!¡Qué pena de texto desaprovechado!
Antes de acabar un punto positivo para Creonte (1). Su buen hacer teatral lo convirtió, en mi humilde opinión, en el protagonista de la tragedia de ayer. Y no porque Antígona no defendiera bien su papel, era la potencia de un Creonte que dominaba la escena desde un texto muy bien construido para él.
Y de la comedia ya hablaremos en el libro II de la Poética de Aristóteles.
(1) En web de la compañía sólo lo menciona como Antonio M.
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