jueves, 8 de noviembre de 2012

Palabras inútiles

Está fresca en el mercado una campaña de publicidad en que determinada empresa de banca (cuyo nombre no mencionaré pero cuyo color es complementario del verde) envía ciertos productos bancarios al "cesto de las palabras inútiles" junto a, por ejemplo, MAYEÚTICA (y lo escribo así, con mayúsculas para resarcirla de tamaña injusticia).
Despreciar como inútiles cosas (conceptos, palabras o personas) porque son minoritarias, porque nos son desconocidas es el germen más claro e inconstestable de la INTOLERANCIA. Esa sí que debería ser una palabra inútil.
La IGNORANCIA, lejos de avalar la inocencia (no sé..., yo no sabía...), es la responsable del menosprecio, de la condena, del deterioro, de la pérdida. La ignorancia se hace culpable por su imprudencia, por su impudicia, por su ramplonería, por su complacencia bobalicona, por su soberana, mayúscula, recalcitrante, perniciosa y mil adjetivos inútiles más ESTUPIDEZ.
Menos más que el ilustre inventor y usuario principal de la mayeútica nos enseñó algunas cosillas sobre saber y no saber (menudo dilema) y, con ello, demostró ser el sabio más sabio que vieron los siglos. ¿Que qué sabía? Nada. Pero el truco estaba en que sabía que no sabía, por lo que una de sus pasiones (la que lo llevó a la muerte y a la eternidad, por cierto) era preguntar. Encontrar las respuestas es a veces un proceso doloroso, hay que engendrarlas en las entrañas del intelecto, gestarlas durante un tiempo, alimentarlas y dejarlas crecer hasta que están maduras para el parto. Este trance es extremadamente delicado, la criatura no debe malograrse en su contacto con el exterior, sólo algunos privilegiados reciben el don de saber ayudar. Ese don, ese arte exquisito y maravillosamente provechoso, es la MAYEÚTICA.
En fin, jóvenes discípulos de mis clases de Griego, no es la primera vez que nos tachan de inútiles o nos intentan echar al "cesto de las narices". No hay problema, sabemos cómo sobrevivir guardando en nuestra caja de Pandora, junto con una esperanza sin límites, los tesoros que otros abandonan.
Por mí, anatema (otra para el cesto) para los INGorantes (esta vez no me equivoco, es a propósito).
PD: Positivo para quiénes me digan qué ilustre griego decía haber heredado de su madre el arte de la mayeútica (la foto es una pista, claro).